
Siempre han existido santuarios. Los primeros no erán construidos por el hombre sino por la misma naturaleza, pudiéndose tratar de cuevas, montañas, lagos, etc. Quizás la idea original era contactar con los espíritus de la naturaleza, con sus fuerzas. Esta idea a lo largo del tiempo puede decirse que se fue adornando, sofisticando, refinando resultando de ello al principio pequeñas capillas y posteriormente grandes complejos cultuarios. Por algún punto hay que empezar y yo he decidido empezar por la Antigua Grecia, sí ya sé que estoy dejando de lado por ejemplo a la antigua Mesopotamia o el Antiguo Egipto y que quizás pueda parecer que parto de una visión eurocentrista. Mi razón es mi actual dificultad para acceder a datos sobre períodos tan remotos y además que si nos remontaramos tan lejos el resultado de lo que pretendo seria muy tedioso y extenso. No pretendo hacer una obra de Historia tampoco. Si alguno de los que lee esto tiene curiosidad o inquietud por temas o cuestiones que aquí no trato puede consultar publicaciones especializadas. Retomando el hilo, comenzaré por la Antigua Grecia. Todos o por lo menos muchos hemos oído hablar de los oráculos, esos lugares donde se podían conocer respuestas sobre acontecimientos venideros o inquietantes, pero sobre todo muchos no discutirán que el que quizás más fama ha alcanzado de estos lugares es el Oráculo de Delfos y su pitonisa. Comencemos por tan mítico lugar, donde el dios Apolo hablaba a través de una sacerdotisa en trance llamada pitia o pitonisa. Delfos era una ciudad ubicada en las cercanías del Golfo de Corinto, al pie del monte Parnaso, en la región de la Fócida. Peregrinos de todo el mundo helénico se encaminaban hasta el templo de Apolo ubicado en dicha ciudad, tal era la importancia del mismo. Grande era la extensión de la zona de influencia de la cultura griega, siendo en términos generales toda la cuenca mediterránea. Esto implica que muchos de los peregrinos debían recorrer distancias considerables por mar o por tierra. Es muy dificil hacerse la idea hoy en día de los riesgos que entrañaban hasta no hace mucho tiempo realizar un viaje, aunque este no fuera muy largo. Y cuando menciono riesgos digo riesgos que podian poner en peligro la integridad física o incluso la misma vida del viajero. La forma más rápida de viajar hasta nuestros tiempos de aviones y automóviles fue por medio de embarcaciones tanto fluviales como marítimas y también en algunos periodos podia ser la más segura, aunque tenía sus riesgos claro está. En el mar Mediterráneo que conocieron los peregrinos de Delfos y sus contemporáneos quizás el mayor peligro era la amenaza pirática, por lo menos hasta tiempos del Imperio Romano en la que esta disminuyó considerablemente. Otro riesgo de la navegación marítima de entonces e incluso hoy en día aunque menor es el de sufrir un naufragio, pero hay que tener en cuenta que el Mediterráneo es un mar relativamente tranquilo, casi como un enorme lago cuya única abertura es el Estrecho de Gibraltar. Los viajes por tierra erán mucho más penosos, lentos y arriesgados, ya que no existía entre otras cosas una red de caminos mínimamente adecuados, algo que también cambio radicalmente con la construcción de calzadas por parte de la civilización romana. Junto a la función religiosa de un santuario pueden solaparse otras derivadas o relacionadas de la misma como pueden ser las de tipo social o político. Delfos erá más que un enclave religioso, era un centro político para el mundo griego. Ejemplos de ello es que existieron luchas entre las diversas ciudades-estado para controlar el santuario, conscientes de los beneficios tanto políticos como ecónomicos que suponía esto, también se celebraban en las inmediaciones del templo los Juegos Píticos, a los que acudían competidores de todo el orbe helénico y no hay que olvidar tampoco la presencia en el santuario de edificaciones pertenecientes a las diversas ciudades-estado. Crudamente, controlar o influir a la pitonisa y a todo lo que la rodeaba podía significar controlar gran parte el mundo griego. Esto se puede aplicar a otras épocas, lugares, poderes públicos y peregrinaciones. Pero qué encontraban o buscaban los peregrinos de Delfos, qué es lo que hacían allí. En Delfos los peregrinos, en muchos casos, iban en nombre de su ciudad a consultar sobre una determinada cuestión al dios Apolo y para ello debían seguir un procedimiento, un ritual. Lo primero de todo era pagar una tasa, fijada por una confenderación de ciudades, y que podía variar dependiendo de factores como el caracter colectivo o individual de la consulta o la ciudad a la que pertenecía el peregrino consultante. El segundo paso era que el consultante era conducido por sacerdotes a la cripta subterránea del templo donde se encontraba la pitia, una vez allí lo siguiente era realizar un sacrificio propiciatorio y a continuación se realizaba la consulta propiamente dicha a la pitonisa. La pitonisa se encontraba en estado de trance, especulándose bastante sobre el origen del mismo (estado alucinatorio producido por el laurel que masticaba, una fuga de gases subterraneos de caracter tóxico, consumo de algún tipo de droga combinada con vino, etc) y por lo tanto su respuesta era enigmática o directamente como muchos han calificado, un desvarío errático absoluto, que se encargaban de traducir unos sacerdotes al consultante. Las respuestas obtenidas de la Pitia parece ser que influyeron mucho en el devenir de la historia de el mundo helénico, atribuyéndosele incluso el haber influido notablemente en el inicio de la colonización griega del Mediterráneo. Para no extenderme demasiado en esta entrada, ya que no pretendo aburrir, continuaré en la siguiente y ya de un modo un poco más superficial tratando sobre peregrinaciones a otros santuarios griegos no menos importantes que el de Delfos.
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