Retomando el hilo de la última entrada relacionada, continuaré con las peregrinaciones en la Antigua Grecia y es que si en la anterior entrada trate del famoso Oráculo de Delfos no puedo dejar de citar en la presente a otros santuarios griegos igual o más importantes. Sin duda para el mundo heleno, por encima en importancia a Delfos estaba uno de los santuarios dedicados a Zeus, el padre de los dioses y este era el ubicado en Olimpia. ¿Quién no ha oído alguna vez el calificativo "olímpico"? o ¿quién no conoce los Juegos Olímpicos? pues sí, todos conocemos ambas cosas aunque no seamos griegos antiguos ni atletas. El santuario de Zeus Olímpico fue más que un oráculo, fue casi un centro neurálgico dentro del mundo griego, a pesar de ubicarse en uno de sus extremos geográficos. En muchos niveles es destacable el citado santuario: importante oráculo, centro de celebración de los importantísimos Juegos Olímpicos y la magnífica estatua de Zeus que presidia el templo, que es considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo son ejemplos de ello. O sea en resumen un centro político, religioso, económico y social de primer orden, cuyas resonancias llegan a nuestros días.
Continuando con la Grecia antigua otros de los lugares destacados, en cuanto a las peregrinaciones se refiere, son los asclepeia, los templos curativos del dios Asclepio, dios de la medicina y la curación, concurridos por centenares de peregrinos en busca de remedio para sus dolencias. Entre estos templos destacaban los de la isla de Cos y el ubicado en la ciudad de Epidauro. Los peregrinos pasaban una noche durmiendo en el templo y a la mañana siguiente contaban sus sueños a los sacerdotes, que a su vez prescribían el remedio para curarlos.
Son numerosos los santuarios frecuentados en la Grecia de la Antiguedad, pero por razones de espacio y de amenidad solo he mencionado los de más importancia y aceptación en sus tiempos, y creo que es el momento de que pasemos a otros lugares geográficos no helenísticos de la Antiguedad. Pasemos entonces a tratar sobre otro de los lugares clave en la religión, incluso de influencia en la actualidad, y traslademonos a la antigua Palestina y a su capital Jerusalén. Jerusalén, la ciudad santa de las tres religiones monoteístas, es y ha sido desde tiempos inmemoriales un lugar objeto de peregrinaciones debido a su santidad para los creyentes de las religiones mencionadas. Antes del cristianismo y del islamismo, la ciudad fue judía y santa para la religión de este pueblo, el judaísmo. Allí estaban emplazados varios signos dignos de ser venerados para este pueblo destacando entre ellos el mítico Templo de Salomón, que albergaba el Arca de la Alianza mandada construir por el mismísimo Yahvé, según las creencias hebreas. Oleadas de creyentes se dirigían a peregrinar al templo con motivo de la fiesta judía de la Pascua, que conmemoraba la salida del pueblo judío de Egipto. Las calles, las casas, los edificios, los campos se atestaban de peregrinos que procedían de todo el orbe judío, que ibán a la casa de Yahvé en la Tierra cuya presencia omnipotente se manifestaba en el Arca custodiada dentro del recinto. Tras la destrucción del último templo y la desaparición del Arca todo esto prácticamente terminó, por lo menos durante un largo periodo de tiempo hasta prácticamente nuestros días, en los que a pesar de no existir el Templo, uno de sus vestigios, el celebre Muro de las Lamentaciones es casi su sustituto, en cuanto por lo menos centro de peregrinación se refiere.
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