lunes, 23 de marzo de 2009

Un monje no es un fraile

Ya sea por comodidad o por desconocimiento se tiende a usar un mismo término para definir cosas parecidas pero no del todo iguales y con matices, a veces muy importantes y curiosos. Esto pasa cuando nos referimos a un religioso regular, es decir aquellos que viven de acuerdo a una regla monástica y que por lo general visten un hábito de acuerdo con ello. Quizás por el detalle de las vestimentas parecidas de todos estos religiosos se de la confusión y se asimile que indistintamente se les puede llamar frailes y monjes. La diferencia estriba en la esencia de la regla que siga un religioso y la finalidad de la orden a la que pertenece el mismo. Una regla monástica es un conjunto de preceptos que debe seguir alguien que quiere dedicarse a llevar una vida recogida y religiosa. Todas las reglas tienen algunos puntos en común y su fin es el encontrar a Dios realizando espiritualmente a la persona. El seguir una regla conlleva autosacrificio, y comprometerse a seguir una serie de votos que son iguales prácticamente en todas las órdenes religiosas y que son conocidos bastante conocidos y son los de obediencia, castidad y pobreza. A lo largo de la historia de la Iglesia se han escrito varias reglas para conducir las vidas de áquellos que querían aspirar al perfeccionamiento espiritual y encontrar a Dios. También estas reglas eran el reflejo de los cambios que se estaban produciendo a nivel global en el tiempo en el que fueron escritas y claro está tampoco la vida religiosa fue ajena a dichas transformaciones. En los inicios de la Iglesia en torno al siglo IV, áquellos que querían realizar una búsqueda espiritual no seguian un código establecido de normas y la forma común de realizarla era llevando vida eremítica retirándose del mundo a parajes deshabitados para no tener distracciones. Este apartamiento del mundo se hacia o bien de forma individual o bien comunitario. No tardó en surgir la primera regla para los que formaban comunidades religiosas en retiro, siendo escrita por el famoso santo católico San Agustín de Hipona entre los siglos IV y V. Posteriormente y no muy lejana en el tiempo surgió la regla quizás con más importancia y alcance durante buena parte de la ya incipiente Edad Media: la regla de San Benito. Esta regla puede ser considerada la regla madre de todas las que aparecieron después, ya que si bien la agustiniana fue la primera esta no contó con tanta difusión siendo pocas las órdenes que la siguieron. Los primeros en seguir la regla de San Benito fueron denominados benedictinos y pueden ser considerados los primeros religiosos regulares propiamente dichos tal y como lo entendemos hoy en dia. Estos religiosos, que vivian en monasterios altamente organizados son los que deben llamarse monjes, palabra que deriva a su vez del término latino monacus que literalmente significa "sólo". Los monjes son religiosos que viven recluidos en un recinto apartado en gran medida de la sociedad, en el campo, algo que no era muy dificil ya que cuando surge la órden benedictina, la sociedad urbana prácticamente ha desaparecido y se da un gran proceso de rurificación. La regla benedíctina,con más o menos variaciones la siguieron las órdenes religiosas que surgieron después, que interpretaban o hacian más o menos énfasis en puntos de la misma. La conocida orden del Císter , de la que fue gran promotor San Bernardo, ya en el siglo XII quisó reformar la regla benedíctina ya que habia se habia corrompido en gran medida su aplicación. En torno a los siglos XII y XIII se estaban dando importantes transformaciones en Europa y es que el proceso de rurificación estaba remitiendo en detrimento del renacimiento de las ciudades que progresivamente estaban volviendo a su esplendor y convirtiéndose en centros importantes de la vida social y económica. Sea por estas razones o por otras que se me escapan empieza a cambiar también la concepción del monacato y comienzan a surgir órdenes que se establecen en las ciudades o en las afueras de las mismas en vez de establecerse en el ámbito rural. Estas nuevas órdenes son las llamadas mendicantes y eran formadas por frates (palabra latina que significa "hermanos") palabra que derivó en frailes. Los frailes no se recluían en sus monasterios o conventos sino que hacian labor pastoral predicando entre otras labores y vivían de las limosnas que recogían en su peregrinar por las ciudades donde se establecían. Puede justificarse también el surgimiento de estas órdenes en las ciudades por el sentido pastoral que he mencionado, ya que si la gente ya comenzaba a establecerse otra vez en las ciudades allí también iba el pecado y por tanto las necesidades de salvación mediante la Palabra de Dios difundida por la predicación. Entre las órdenes mendicantes algunas crearon sus propias reglas como es el caso de los franciscanos o los carmelitas y otras curiosamente y a pesar ya de su antiguedad siguieron la regla agustiniana como por ejemplo los dominícos. Desde el siglo XIII hasta ahora han surgido multiples órdenes religiosas, unas como escisión de otras ya existentes, como los capuchinos separándose de los franciscanos o los famosos carmelitas descalzos de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, reformadores de la orden carmelita y otras de nuevo cuño. Entre estas últimas surgió en el siglo XVI la Compañía de Jesús, como respuesta a la Reforma protestante, un nuevo contexto histórico, que como no, cambió la vida religiosa y más a partir de las medidas tomadas en el Concilio de Trento, que entre otras cosas, curiosamente, reguló bastante la vida de las comunidades que seguían apartadas de las ciudades, es decir los monjes, sobre todo las que casi rozaban el eremitismo primigenio y que escapaban de todo control por parte de la jerarquia eclesiástica, bajo sospecha de heterodoxia. Volviendo a la Compañia de Jesús, esta fue hija de su tiempo y estos tiempos erán tumultuosos y nuevos, dentro de la Reforma protestante que revolvió a Europa, y por lo tanto no puede ser definida bajo el concepto de órden monástica ni órden mendicante ya que se puede decir que combinaba ambos sistemas. Los jesuitas se establecian en las ciudades para combatir las nacientes herejías protestantes, fundando colegios y seminarios para ello, o sea ejerciendo una labor pastoral al igual que las órdenes mendicantes pero también periodicamente se retiraban a ámbitos rurales para realizar los famosos ejercicios espirituales como los monjes apartados en sus monasterios lejos de todo y casi como los eremitas primigenios. Curioso, ¿no?

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